O: el hombre que escribió el libro más complicado del budismo japonés y tenía razón en cada página.
Voy a ser honesto desde el principio:
El Shōbōgenzō es el libro más difícil que he intentado leer en mi vida. Y eso que he intentado leer a Hegel y a Nagarjuna. El Shōbōgenzō hace que Hegel parezca un manual de instrucciones de un electrodoméstico. No porque esté mal escrito — está escrito con una precisión que quita el aliento — sino porque lo que intenta decir no puede decirse, y Dōgen lo sabe, y lo dice de todas formas, y esa tensión entre el lenguaje y lo que el lenguaje no puede contener está en cada frase de manera tan deliberada que leerlo es una experiencia física además de intelectual.
Así que voy a intentar algo que Dōgen probablemente habría encontrado a la vez necesario e insuficiente: explicarlo. Reducirlo. Hacerlo accesible sin destruirlo en el proceso.
No sé si voy a conseguirlo. Pero vamos por partes -dijo Takahiro Shiraishi .
-Quién fue Dōgen-
Eihei Dōgen nació en Kioto en 1200. Hijo de una familia aristocrática, perdió a su madre a los siete años y a su padre a los dos. Esa doble pérdida temprana — según la tradición, fue la madre quien en su lecho de muerte le pidió que buscara la comprensión del Dharma — marcó para siempre la dirección de su vida. A los trece años se ordenó monje budista. A los dieciséis ya tenía una pregunta que no lo dejaba en paz y que no encontraba resuelta en ningún maestro japonés de su tiempo.
La pregunta era esta: si todos los seres tienen de manera innata la naturaleza búdica — si la iluminación es nuestra naturaleza original — ¿por qué es necesario practicar? ¿Para qué sirve el esfuerzo si ya somos lo que buscamos?
Esa pregunta, que parece filosófica pero es en realidad completamente práctica, lo llevó a China en 1223 con veintitrés años. Estudió durante cuatro años en varios monasterios hasta que encontró al maestro Rujing en el monte Tiantong. Y con Rujing — según la tradición, durante una sesión de meditación nocturna en que el maestro reprendió a un monje dormido diciéndole que la práctica del zen es el desprendimiento del cuerpo-mente — Dōgen tuvo la experiencia que lo cambió todo.
-Shinjin datsuraku. Desprendimiento del cuerpo y la mente-
Volvió a Japón en 1227. Y lo que trajo de vuelta no era una doctrina nueva ni un sistema filosófico importado. Era algo más sencillo y más radical: la certeza de que la práctica y la iluminación no son dos cosas separadas. Que sentarse en zazen no es el camino hacia la iluminación. Que sentarse en zazen es la iluminación expresándose.
Pasó el resto de su vida intentando transmitir eso. Murió en 1253 con cincuenta y tres años. Y el Shōbōgenzō es el intento más sostenido y más extraordinario de poner esa transmisión en palabras.
-Qué es el Shōbōgenzō-
El título significa, aproximadamente, "El tesoro del ojo del Dharma verdadero". No es un libro en el sentido convencional. Es una colección de noventa y cinco fascículos — ensayos o discursos — escritos a lo largo de veinte años, en japonés clásico, sobre aspectos distintos de la práctica y la comprensión zen.
Algunos fascículos son breves. Otros son extensos. Algunos son casi sistemáticos en su exposición. Otros son deliberadamente paradójicos, con frases que se contradicen, que se pliegan sobre sí mismas, que usan el lenguaje para ir más allá del lenguaje.
Los estudiosos han tardado siglos en ponerse de acuerdo sobre qué significa exactamente. Hay partes que todavía hoy generan interpretaciones completamente opuestas entre especialistas que llevan décadas estudiando a Dōgen. No porque el texto sea oscuro por descuido — sino porque Dōgen está describiendo algo que la mente conceptual no puede capturar, y usa el lenguaje como una especie de trampa invertida: te lleva hasta el borde de lo que puedes pensar y luego retira el suelo.
Para el occidental que llega a esto por primera vez, el consejo más honesto es este: no intentes entenderlo todo de una vez. Lee un párrafo. Para. Respira. Lee otro. Dōgen no se lee como se lee un ensayo. Se lee como se practica el zazen — sin objetivo, sin agenda, dejando que lo que aparece aparezca.
Las ideas centrales, traducidas
Hay varias ideas en el Shōbōgenzō que reaparecen una y otra vez con distintos ropajes y que constituyen el núcleo de lo que Dōgen quería transmitir. Voy a intentar explicarlas una por una, sin traicionarlas más de lo inevitable.
-Shikantaza: solo sentarse-
Esta es la práctica central que Dōgen recibió de Rujing y que transmitió a sus estudiantes. Shikan significa "simplemente" o "solo". Taza es "sentarse". Shikantaza es sentarse sin ningún objetivo, sin ninguna técnica, sin ninguna expectativa de resultado.
Pero eso no es pasividad. Dōgen es muy preciso en esto. El shikantaza es sentarse con plena presencia, con el cuerpo y la mente completamente unidos en el acto de sentarse, sin que ninguna parte del sistema esté en otro sitio. No es relajación. Es algo más parecido a una alerta total sin objeto específico de alerta.
Y lo que Dōgen dice — y aquí está el giro que lo cambia todo — es que ese sentarse no es la práctica que conduce a la iluminación. Ese sentarse es la iluminación manifestándose. La práctica y el fruto son la misma cosa. No hay un antes del zazen iluminado y un después del zazen sin iluminar. El zazen es, en sí mismo, la expresión de la naturaleza búdica.
Eso tiene una implicación enorme que Dōgen desarrolla a lo largo de todo el Shōbōgenzō: no hay un lugar adonde llegar. No hay un estado que conseguir. El camino no lleva a ningún sitio porque el camino es el sitio.
-Uji: el ser-tiempo-
Uno de los fascículos más conocidos y más desconcertantes del Shōbōgenzō se llama Uji. U significa ser o existir. Ji significa tiempo. Juntos: el ser-tiempo. La idea de que el ser y el tiempo no son dos cosas separadas — el ser que existe en el tiempo — sino una sola realidad inseparable. Cada momento de existencia es completamente lo que es en ese momento. No una instancia de algo más permanente. No un punto en una línea que va de pasado a futuro. Un momento completo en sí mismo.
Dōgen dice: "El ser-tiempo significa que el tiempo mismo es ser, y todo ser es tiempo."
Eso parece abstracto hasta que lo llevas a la experiencia directa. Cada momento — este momento, ahora mismo, mientras lees esto — es completo. No le falta nada. No es el preludio de un momento mejor ni el eco de uno pasado. Es lo que es, completamente, y en ese ser completo está todo lo que existe.
La ansiedad, dice implícitamente Dōgen, viene de tratar el momento presente como si fuera insuficiente. Como si hubiera que atravesarlo para llegar a otro mejor. El uji señala que esa espera es la fuente del sufrimiento y que lo que se espera ya está aquí.
Genjokoan: la realización del koan de la vida cotidiana.
Este es probablemente el fascículo más leído y más citado del Shōbōgenzō. Y contiene uno de los párrafos más densos y más hermosos de toda la literatura budista.
Dōgen escribe: "Estudiar el budismo es estudiarse a uno mismo. Estudiarse a uno mismo es olvidarse de uno mismo. Olvidarse de uno mismo es ser iluminado por todas las cosas. Ser iluminado por todas las cosas es eliminar la barrera entre el yo y los demás."
Cuatro frases. Un movimiento completo. Del estudio al olvido, del olvido a la iluminación, de la iluminación a la no-separación.
Lo que Dōgen está describiendo no es un proceso que ocurre en el tiempo — primero estudias, luego te olvidas, luego te iluminas. Es una descripción de lo que ocurre en cada momento de práctica genuina: el yo se estudia, se encuentra vacío, se olvida, y en ese olvido la realidad entera se ilumina sin intermediarios.
Aplicado a la vida cotidiana occidental, el genjokoan significa que no hay circunstancias especiales para la práctica. La cocina es el dojo. El trabajo es el dojo. La conversación difícil con alguien que quieres es el dojo. Cada situación presenta el koan de cómo estar completamente presente sin que el yo que gestiona, evalúa y controla se interponga.
-Bendōwa: el diálogo sobre la práctica del camino-
Este fue el primer fascículo que Dōgen escribió al volver de China, en 1231, y es el que mejor articula la respuesta a la pregunta que lo había llevado a ese viaje.
¿Por qué practicar si ya somos la naturaleza búdica?
Porque la práctica no es el medio para alcanzar algo que no tenemos. La práctica es la forma en que la naturaleza búdica se expresa a sí misma. Como la luna no practica para reflejarse en el agua — simplemente se refleja porque es lo que hace la luna y el agua — el ser humano que practica zazen no practica para iluminarse. Practica porque esa es la manera en que su naturaleza más profunda se manifiesta en el mundo.
Eso disuelve la pregunta sin negarla. No hay contradicción entre la naturaleza búdica innata y la necesidad de práctica. La práctica no añade nada que falte. La práctica es la expresión de lo que ya está.
-Cómo leer a Dōgen sin volverse loco-
Una última cosa, práctica, para el occidental que sienta curiosidad después de leer esto:
No empieces por el Shōbōgenzō completo. Empieza por el Genjokoan — hay traducciones buenas al castellano — y léelo despacio, un párrafo al día, sin intentar resolver nada. Deja que las frases hagan lo que hacen, que es mover algo que no tiene nombre preciso en ningún idioma.
Después lee el Bendōwa. Después, si todavía quieres más, el Uji.
Para los que leemos en castellano hay una buena noticia y un dato que merece mencionarse. La traducción al español del Shōbōgenzō es virtualmente una restauración: se basó en al menos ocho traducciones al inglés y al francés, y supone el trabajo de un equipo de traductores dirigidos por el maestro zen Dokushō Villalba a lo largo de veinticinco años. Villalba no es un académico que tradujo un texto desde fuera, es monje zen, discípulo de Taisen Deshimaru y de Shuyu Narita, fundador de la Comunidad Budista Sōtō Zen española y del monasterio Zen Luz Serena. Veinticinco años traduciendo el libro más difícil del zen japonés desde dentro de la práctica que ese libro describe. Eso se nota en cada página. La edición está publicada en dos volúmenes por Editorial Kairós, y es la referencia en castellano. No hay excusa para no tenerla en la estantería, aunque se tarde años en leerla.
Y si en algún momento sientes que no entiendes nada — que el texto se te escurre entre los dedos como agua — eso no es un fracaso. Es exactamente lo que Dōgen pretendía. El Shōbōgenzō no es un libro que se entiende. Es un libro que te cambia mientras crees que lo estás leyendo.
Como el zazen.
Como la práctica.
Como todo lo que merece la pena en este camino que no lleva a ningún sitio porque ya estamos donde hay que estar.
Aunque casi nunca lo sepamos.
El escriba cierra el Shōbōgenzō. Lo deja en la estantería. Se sienta. Respira.