¿Qué es la autoindagación? El camino del despertar entre el Zen y el Advaita.

¿Qué es la autoindagación? El camino del despertar entre el Zen y el Advaita.

Son algo más de las diez de la noche... El calor de este inicio de verano todavía se pega a la piel y acabo de servirme un vaso de agua fría.
El hielo cruje al derretirse dentro del cristal. Me quedo mirando esa gota de condensación que resbala lentamente por el vaso hasta humedecer la mesa... y me pregunto cuántos de nosotros pasamos la vida así, deslizándonos por la superficie de las cosas, sin pararnos nunca a mirar qué hay dentro.
Últimamente se habla mucho en los círculos espirituales de la autoindagación, de la indagación de la mente y de la realización. Suenan a palabras muy grandes, casi de examen de teología o de manual para convertirse en santo. Pero a este escriba le gusta bajar las cosas al suelo. Al fin y al cabo... si la espiritualidad no sirve para cuando estás cansado, de noche y con el termo del agua medio vacío, no sirve para nada.
Así que hoy me apetece que hablemos de esto.
De qué significa realmente buscarse a uno mismo y cómo lo hacen las distintas tradiciones.

-La autoindagación en el Advaita Vedanta: El "¿Quién soy yo?" de Ramana Maharshi-

Si nos adentramos en el mundo del Advaita Vedanta (esa filosofía no dual de la India que nos dice que todo es una sola sustancia, sin divisiones), la herramienta reina es la Atma Vichara, que se traduce habitualmente como autoindagación.
Su gran valedor en el siglo XX fue un hombre sencillo llamado Ramana Maharshi, que se pasaba el día sentado en una colina con apenas un taparrabos y una mirada que te desarmaba. El método que proponía era de una simplicidad que asusta: ante cualquier pensamiento, duda o emoción que surja en tu cabeza, te preguntas... ¿A quién le pasa esto?
La respuesta obvia es: "A mí". Y entonces lanzas la pregunta definitiva: "¿Quién soy yo?"
Pero ojo... esto no es un ejercicio intelectual.
No se trata de responder "Soy Juan, administrativo, casado y con dos hijos". Eso son solo etiquetas, ropa que te pones.
La autoindagación consiste en seguir el rastro del pensamiento "yo" hasta su origen, como quien sigue el hilo de Ariadna en el laberinto, hasta que el propio pensamiento se disuelve en el silencio del que nació.
Pero claro, cada maestrillo tiene su librillo y cada tradición tiene su propia jerga. Para no perdernos en la biblioteca de la mística oriental...

Vamos por partes —como dijo Richard Cottingham.

Diseccionemos cómo abordan este mismo asunto el Zen y otras escuelas:

-El método Zen: Del koan a la no-indagación de Shikantaza-

En el budismo Zen, la indagación toma un camino diferente... bastante más desconcertante. Aquí no solemos preguntarnos tanto "¿Quién soy yo?" con la mente analítica. El Zen prefiere acorralarte.
En la escuela Rinzai, por ejemplo, se utiliza el estudio del Koan (o el Wato, que es la frase clave del koan). Te lanzan una pregunta absurda, como "¿Cuál era tu rostro original antes de que nacieran tus padres?" o "¿Cuál es el sonido de una sola mano aplaudiendo?".
La mente lógica intenta buscar una respuesta inteligente, pero no puede. Se estrella una y otra vez contra la pregunta... hasta que revienta. Ese "reventar" es el Kensho o el Satori, el vislumbre de tu verdadera naturaleza. Es una indagación por agotamiento mental.

Y luego tenemos la escuela Soto y el bendito Shikantaza: el "solo sentarse".

Aquí la indagación es tan radical que ni siquiera hay pregunta. Te sientas frente a la pared y te limitas a ser. No buscas nada, no indagas nada... y precisamente en ese "no buscar", la ilusión del yo que busca se desvanece por sí sola. Es la indagación a través de la presencia pura. El sujeto y el objeto se funden. La pared y tú os volvéis una sola cosa.

¿Qué significa realmente la "realización" espiritual?

Aquí es donde solemos meter la pata. Cuando escuchamos la palabra realización, nuestra mente occidental —que está educada en el esfuerzo, en conseguir objetivos y en colgarse medallas— piensa que la realización es una meta. Algo que "yo" voy a alcanzar después de meditar mucho y sufrir bastante sobre el cojín.
Pensamos en la realización como si fuera un título universitario o un ascenso en el trabajo.
Pero en el Zen y en el Advaita, la realización es exactamente lo contrario. No es ganar nada; es perderlo todo. Es darse cuenta de que aquello que buscabas... ya estaba ahí desde el principio.
Es como pasarte tres horas buscando las gafas de sol por toda la casa, enfadado, levantando cojines y quejándote... para luego darte cuenta de que las llevabas puestas sobre la cabeza. La realización no te da unas gafas nuevas. Solo te hace reír por lo tonto que has sido al buscarlas fuera.

Por eso, el término "realización" en español es muy bonito si lo entendemos en su doble acepción:
No es "realizar" en el sentido de fabricar o construir algo que no existía...
Es "realizar" en el sentido de percatarse, de caer en la cuenta. Darse cuenta de que el buscador y lo buscado son la misma cosa.

-Otras escuelas: La indagación budista clásica (Vipassana)-

Si miramos hacia el budismo más antiguo (el Theravada y la práctica de meditación Vipassana), la indagación se vuelve casi científica. No se busca un "yo" misterioso, sino que se investiga cómo funciona la máquina.
Te sientas a observar los componentes de tu cuerpo y de tu mente (los skandhas o agregados): la respiración, las sensaciones físicas, los pensamientos que vienen y van, los estados de ánimo...
Y tras mucho mirar, tras indagar con paciencia de cirujano, te das cuenta de una verdad incómoda: ahí dentro no hay nadie al volante. Solo hay procesos que surgen, cambian y desaparecen. No hay un "yo" fijo y permanente detrás de los pensamientos. Solo hay pensamientos flotando. Y ver eso... es liberador.

-Apagar el buscador-

El hielo ya se ha derretido del todo. El agua de mi vaso ya no está fría, está tibia. Y la noche sigue su curso, indiferente a nuestras dudas existenciales y a nuestros textos sobre el despertar.
La autoindagación es una herramienta fantástica... pero solo es una herramienta. Es como una escalera para subir al tejado: una vez que estás arriba, no te quedas cargando con la escalera a cuestas. Llega un momento en el que hay que soltar la pregunta. Hay que dejar de indagar y, sencillamente, empezar a vivir.
Apagar el ordenador. Dejar el vaso en el fregadero. Notar las baldosas frías bajo los pies descalzos mientras caminas hacia la cama...
Eso también es realización. Sin fuegos artificiales. Sin palabras raras.

Solo esto... tal cual es.