El yugo es el yoga y el yoga es el cuerpo.

El yugo es el yoga y el yoga es el cuerpo.

La palabra "yugo" viene del latín iugum, que significaba originalmente "yugo", es decir, la pieza de madera que se colocaba sobre el cuello de dos bueyes u otros animales de tiro para unirlos y hacer que trabajaran juntos.

Lo interesante es que "yoga" significa literalmente "unión". En la tradición india, esa unión se interpretó de distintas maneras: la unión de la mente consigo misma, del individuo con lo absoluto, o la integración armoniosa de cuerpo, mente y conciencia.

En otras palabras, yugo y yoga son primos lingüísticos: ambos nacen de la misma idea ancestral de unir lo que está separado.
Y el yoga, es el cuerpo. Además, es el cuerpo.
Cuando nuestro cuerpo sufre cambios, de cierto "extremo", como una gran delgadez, un sobrepeso excesivo o un ceño fruncido y marcado, por ejemplo, es una respuesta a unos procesos internos que degeneran en falta de apetito, una gula desenfrenada o ese estado de inconformidad que hace que la frente tenga surcos por los continuos gestos de la cara.
Por eso, el yoga (los muchos yogas) intentan reparar el cuerpo para que desde fuera a dentro, se disuelvan los nudos.

Yoga no es únicamente realizar ejercicios o sentarse a meditar, sino que la sola intención de unir todo el sistema cuerpo-mente-consciencia, ya es yoga. Es la solución que quedó implantada en muchos países orientales hace milenios.

Así que vamos a empezar, como empieza este lugar, desperezándose poco a poco, a mirarnos. Observemos nuestros brazos, nuestras piernas, barriga (ups!, ahí hay un nudo) y cara. Con mucha atención, prestemos estos minutos a nuestro cuerpo y a nuestra consciencia, con sinceridad.
Pero no hagamos planes.
Los planes no tiene cabida ahora.
Sólo observar.